Parecen, nada más que parecen, felices.






La felicidad es casi una palabra prohibitiva, encarna en su propia acepción la potencialidad de una quimera, la ilusión de un estado de bienestar que no permanece, ni se prolonga, ni se logra a voluntad. Muchos intentan proyectar la imagen de felicidad sin aprehender esa felicidad, se la busca, pero nos elude, se la ansía, pero se pierde entre todas las otras utopías que no nos es dable disfrutar, mas allá de momentáneos relámpagos, de ráfagas intermitentes, aquí o allá. 

Angel Gonzalez, poeta, Oviedo, España, se queja por todo lo ya dicho. Su mirada se centra en aquellos que mienten mientras pretenden vender la idea de que todo va bien y todo anda de maravillas, que todo puede arreglarse con apenas decirnos que todo está bien, como un sencillo decreto mental, pero lo que se ve no es lo que es, ni en ellos, ni en los otros, ni en el propio poeta. Será que no hay nada más que esta realidad estéril, esta fragilidad, este vivir de espaldas a los sueños, mordiendo el dolor, la desolación, el tedio. Podríamos disimularlo todo, imitar a quienes se supone son los "imitables", los triunfadores, los gurús que nos venden espejitos de colores, pero que si esperamos un poco, a esos llamados "imitables" los veremos a orilla del camino tan desdichados como los que más, carentes de respuestas, arrastrados por sus propios torbellinos de inseguridad.

Por eso, el poeta recita y repite la siguiente letanía:

"...Y sonríen, a veces, cuando hablan.
Y se dicen, incluso,
palabras
de amor. Pero
se aman de dos en dos
para
odiar de mil
en mil. Y guardan
toneladas de asco
por cada
milímetro de dicha.
Y parecen -nada
más que parecen-felices,
y hablan
con el fin de ocultar esa amargura
inevitable, y cuántas
veces no lo consiguen, como
no puedo yo ocultarla
por más tiempo: esta
desesperante, estéril, larga,
ciega desolación por cualquier cosa
que -hacia donde no sé—, lenta, me arrastra."

Angel Gonzalez.
Wednesday, May 01, 2013

Balada para una mujer.



Hoy vuelvo a ser la otra.

Vuelvo a ser aquella mujer vestida de blanco
a la orilla de un río de aguas verdes.
Dejaré de ser la doncella atrincherada en su cárcel/aposento
a la espera de alguna audiencia para salvar su destino,
Mientras cuenta los secretos del insomnio,
los contornos de la noche, sus madrugadas y silencios.

Hay una nueva epopeya que debe escribirse:
Dadme el paredón para fulminar el mito de las pléyades,
una Penélope y un trípode que acorrale al Ulises en Itaca.
Dadme a Cleopatra y le enseñaré cómo renunciar
a los subterfugios de la carne, al acoso de efebos y romanos.
No seré copia de Pizarnik, ni me ahogaré entre algas
y cetáceos como la Alfonsina Storni.
Ni geisha ni madonna,
ni matrona o feminista.
Ni Ciguapa, ni Llorona,
Ni tampoco Malinche.
Vuelvo a ser la que fui
antes de ser esta,
a quien yo misma hoy desconozco.
Vuelvo a ser hilo blanco
y no ojo de la aguja,
la raíz y no la flor,
la puerta, no la ventana
la bisagra, no el pestillo,
el tenedor, no la cuchara,
el polen y no el panal.
Es triste ser gajo, ser meandro, ser botón de blusa,
Cáscara y no pulpa, ombligo y no pezón,
pez y no pecera.
Desde hoy seré la otra,
pues aquella que dejaron amarrada
debajo de un árbol en bosque tenebroso,
acechada por lobos y dragones,
se ha escapado para siempre.

Hoy seré yo, sin apóstrofes bajo la falda,
sin diptongos en la lengua,
sin apellidos agregados al pie de la letra,
sin ruletas rusas para apostar por mis caderas,
sin boletos de ida y vuelta a Wonderland,
sin efemérides de cronopios bipolares,
sin retoques de bisturí a mis decepciones,
sin placebos para camuflagear la libido.
La sirena saldrá del caracol,
la crisálida renunciará a ser mariposa.
Y así, caiga quien caiga, llore quien llore,
volveré a ser la otra,
la Sulamita del lagar recién abierto,
"la pica y la lanza" del penacho azul,
la sonata temperada para un nuevo trombón,
las teclas del piano eléctrico que nunca desafinan,
la botella rescatada del mar de los sargazos
anunciando el desove y la calma chicha,
la proa y no la popa en las tres carabelas
del nacer, vivir y morir.
Porque no todas las aguas deben morir en el océano,
y no solo en primavera florecen los deseos.
Hoy vuelvo a ser la otra.
Bueno, ya les contaré lo re-bien que he de pasarlo.
Sunday, April 21, 2013

Rahab la ramera.



                                                                     
Estás ahí en la azotea, dispuesta al agasajo de la carne. Nada especial ha ocurrido esta noche.   Un pobre segador ha venido de hinojos pidiendo  pasar un rato adherido a tus encantos, sin aspirar a mucho, pues sólo puede pagar unas cuantas monedas. 

En Jericó sólo se habla de los Israelitas quienes se acercan a la ciudad desde occidente.   ¡Israelitas!   Esos mercenarios capaces de abrir el mar a la mitad con un conjuro de su Dios, capaces de enfrentar y derrotar a miles con un puñado de hombres. ¡Israelitas del desierto!   Temibles, enigmáticos.  Poco puedes esperar de ellos, dicen que sus hombres no miran otras mujeres aparte de sus esposas, pero la experiencia te dice que siempre hay un puritano dispuesto a perder su casticidad en manos de Rahab, la ramera más joven de todo Jericó, siempre hay un hombre con sed en la garganta, deseoso de bajar al pozo del oasis, dispuesto a buscar la tibieza de la piel en otra piel, a jugarse el todo por el todo para encontrar en el placer consuelo a sus pesares, desahogo a sus instintos.

He aquí que mientras te acomodas el manto, te perfumas y agregas ciertos detalles a tus ojos para mejorar la apariencia, llegan dos israelitas a tu espalda que a punta de cuchillo te prohíben hablar o gritar.  Disimulas bien el miedo, desde niña tuviste habilidad para persuadir,  ganar la confianza con palabras de tono suave, con esa sonrisa y esa mirada que ningún hombre puede evadir, ahora está en juego tu vida y contra eso tienes poca experiencia, cualquier palabra o gesto inadecuado podría volverse allí en contra tuya. Con tranquilidad y aplomo logras convencer a los varones. Prometes ayudarles, prometes pasarte a su causa si tan sólo te perdonan la vida.  Sólo un pensamiento te atormentaba, te has convertido ahora en traidora de tu pueblo. Y qué importa- te justificabas a ti misma-, las rameras como yo, siempre serán rameras y no hay en Jericó posibilidad alguna de redención para mí.- Además esos mercenarios espías despertaban tu curiosidad, había cierto brillo en sus ojos, cierta bondad, una especial suavidad con la que te sentías a gusto y confiada.  Prometieron salvarte la vida cuando atacaran  Jericó. Un cordón escarlata colgado al frente de tu casa sería la señal para que pudiesen identificarte.


II

Los israelitas rodearon la ciudad y caminaron alrededor de sus muros al toque de trompetas, aullando, con unos gritos que de tan inquietantes parecían bajar de otra dimensión.  Después de tres días, Jericó fue sitiada y arrasada.  Sólo Rahab y su familia quedaron vivos de la destrucción, y desde entonces se unieron a la procesión judía. Conocieron a Josué, jefe y líder, quien los presentó al pueblo y les dieron bienvenida de héroes.  Rahab se sentía dichosa por el hecho de que nadie le reprochaba su antigua condición de ramera,  ahora podía soñar con una nueva vida, un nuevo Dios, un nuevo linaje.

Después de ir y venir en peregrinaje con los judíos, Rahab conoce a Salmón, príncipe de Judá con quien contrae matrimonio, de esa unión nació Booz, y este a su vez se emparentó con Ruth la Moabita. De acuerdo a la genealogía, de ellos proviene el rey David, hasta llegar al linaje de Jesús de Nazareth, aquel que luego sería llamado mesías y salvador de judíos y gentiles.

Desde la destrucción, Jericó jamás volvió a levantarse como ciudad, dicen que ciertas trompetas suenan a veces cuando el viento del desierto llega furioso y se estrella contra sus laderas y montañas.
Monday, March 25, 2013

La ausencia de color es también un color.



"En ocasiones, Picasso dejaba sin pintar algunas partes de sus cuadros. La ausencia de color, explicaba a unos desconcertados admiradores, es también un color. André Berton relata, indignadísimo, cómo Picasso, ante la insistencia de sus amigos en la apariencia inacabada de las obras, tuvo que asegurar con firmeza que «el blanco del lienzo estaba pintado por su propia mano»."

Mercedes Replinger "Elogio del Color", ensayo.
Friday, March 22, 2013

Search

Loading...

Popular Post

Blog Archive

Actualizaciones por Email

- Copyright © CANTARES -Metrominimalist- Powered by Blogger - Designed by Johanes Djogan -