Wednesday, July 03, 2013



El poeta Miguel Hernandez la declara posesión necesaria  en su poema "Juramento de la Alegría", pues supo que "la tristeza corrompe, enturbia, daña ...".  Benedetti insta a  no contentarnos con esperar su llegada como un simple milagro del azar,  se debe pelear por ella  :   "Defender la alegría como un principio /defenderla del pasmo y las pesadillas/ de los neutrales y de los neutrones/de las dulces infamias/ y los graves diagnósticos."

José Hierro invita a buscarla, el solo hecho de vivir o sobrevivir es motivo suficiente para celebrarla: " ¡alegría en el nombre de la vida!  Somos alegres porque estamos vivos. ", y luego agrega en el poema "El Muerto":  "Aquel que ha sentido una vez en sus manos temblar la alegría,  no podrá morir nunca."
Demasiadas lagrimas se han derramado ya, demasiada tristeza acumulada en ojos de inocentes, en el rostro de ese hombre común y ordinario, en el rico,  el estudioso, en el científico, el religioso y hasta en los confesores y manejadores profesionales de las almas yertas: psicólogos y curas, pastores y presbíteros.    Para ellos, para nosotros, para todos, Blas Otero canta y reclama esa alegría: " Para el mundo inundado de sangre, engangrenado a sangre fría, en nombre de la paz que he voceado:  alegría."  
  
Mientras muchos reclaman esa alegría como pertenencia y  la hacen suya, la abrazan, la cuidan, la retienen, la defienden, la proyectan y la comparten, otros agonizan en los contornos de sus fracasos, de sus batallas perdidas, de sus insomnios, de sus cuitas, sus temores, sus aprehensiones,  y rasgan sus vestiduras  y se lamentan  junto a  Juan Ramón Jiménez : 

 "¡Quién supiera
dejar el manto, contento,
en las manos del pasado;
no mirar más lo que fue;
entrar de frente y gustoso,
todo desnudo, en la libre
alegría del presente!"



Y a esos, le sale al paso la voz paterna y amantísima de Don José Agustín Goytisolo:  "es mejor vivir con la alegría de los hombres que llorar ante el muro ciego."

En realidad, la vida no es tan complicada como muchos pretenden creer, afirma Gabriel Celaya:   "La vida es tan sencilla que se explica por sí misma, se basta a sí misma.   ¡Somos felices! Vivimos los instantes explosivos de alegría o de dolor, de rabia o de amor, y si no,  es que estamos distraídos, aburridos."  Y sentencia:  "hay que imponerse la alegría como un deber heroico".

¿Te atreves a cantar conmigo este hermoso himno a la alegría de Carmen Martín Gaite? :

Mi ración de Alegría.

"Defiendo la alegría,
la precaria, amenazada,
difícil alegría,
al raso, limpia, en cueros,
mi ración de alegría.
No me arrastréis al pozo
de las verdes culebras.
No os arrojo a la cara mi alegría,
os la tiendo tan sólo
como una débil luz, como una mano.
No es ningún baluarte
ni ningún ofensivo privilegio,
es mi único utensilio cotidiano,
mi tela de labor.
No tengo otra bandera
y ostenta unos colores ya un poco desteñidos;
mirad que la levanto a duras penas,
contra viento y marea,
sin sombra alguna de provocación."






























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