Sunday, April 21, 2013



Hoy vuelvo a ser la otra.

Vuelvo a ser aquella mujer vestida de blanco
a la orilla de un río de aguas verdes.
Dejaré de ser la doncella atrincherada en su cárcel/aposento
a la espera de alguna audiencia para salvar su destino,
Mientras cuenta los secretos del insomnio,
los contornos de la noche, sus madrugadas y silencios.

Hay una nueva epopeya que debe escribirse:
Dadme el paredón para fulminar el mito de las pléyades,
una Penélope y un trípode que acorrale al Ulises en Itaca.
Dadme a Cleopatra y le enseñaré cómo renunciar
a los subterfugios de la carne, al acoso de efebos y romanos.
No seré copia de Pizarnik, ni me ahogaré entre algas
y cetáceos como la Alfonsina Storni.
Ni geisha ni madonna,
ni matrona o feminista.
Ni Ciguapa, ni Llorona,
Ni tampoco Malinche.
Vuelvo a ser la que fui
antes de ser esta,
a quien yo misma hoy desconozco.
Vuelvo a ser hilo blanco
y no ojo de la aguja,
la raíz y no la flor,
la puerta, no la ventana
la bisagra, no el pestillo,
el tenedor, no la cuchara,
el polen y no el panal.
Es triste ser gajo, ser meandro, ser botón de blusa,
Cáscara y no pulpa, ombligo y no pezón,
pez y no pecera.
Desde hoy seré la otra,
pues aquella que dejaron amarrada
debajo de un árbol en bosque tenebroso,
acechada por lobos y dragones,
se ha escapado para siempre.

Hoy seré yo, sin apóstrofes bajo la falda,
sin diptongos en la lengua,
sin apellidos agregados al pie de la letra,
sin ruletas rusas para apostar por mis caderas,
sin boletos de ida y vuelta a Wonderland,
sin efemérides de cronopios bipolares,
sin retoques de bisturí a mis decepciones,
sin placebos para camuflagear la libido.
La sirena saldrá del caracol,
la crisálida renunciará a ser mariposa.
Y así, caiga quien caiga, llore quien llore,
volveré a ser la otra,
la Sulamita del lagar recién abierto,
"la pica y la lanza" del penacho azul,
la sonata temperada para un nuevo trombón,
las teclas del piano eléctrico que nunca desafinan,
la botella rescatada del mar de los sargazos
anunciando el desove y la calma chicha,
la proa y no la popa en las tres carabelas
del nacer, vivir y morir.
Porque no todas las aguas deben morir en el océano,
y no solo en primavera florecen los deseos.
Hoy vuelvo a ser la otra.
Bueno, ya les contaré lo re-bien que he de pasarlo.

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