Tuesday, January 15, 2013






Los días pasan, la memoria se llena de nubes, el sol ya no es el mismo ni el salitre permea la piel que presentamos al mundo, pero llevamos con nosotros todas las cicatrices, las heridas, los recuerdos, las alegrías de lo que fue y es nuestra patria.

Quizás no sea la más hermosa tal cual describe Rafael Hernández  en la canción Quisqueya, ni la más próspera, ni la mejor gobernada, ni la nación con las mejores leyes. Aún con todos sus defectos y limitaciones, uno "Daría la vida/ por diez lugares suyos, cierta gente, /puertos, bosques de pinos, fortalezas, /una ciudad deshecha, gris, monstruosa, /varias figuras de su historia, montañas / (y tres o cuatro ríos)".  José Emilio Pacheco.

Amamos a Dominicana, pese a que le sabemos un país "Sencillamente triste y oprimido." para corroborar con Pedro Mir en su elegía patria.

En un poema parecido a ese pregón de Pedro Mir, Zbigniew Herber, poeta polaco, habla apasionadamente del amor a su tierra, y aunque la isla nuestra carezca de manzanos como los que describe en la suya, nos apetece decir y repetir en coro con él:


"En la misma esquina de este viejo mapa hay un país que añoro. 
Es la patria de las manzanas, las colinas, los ríos perezosos, del vino agrio y el amor. 
Por desgracia una gran araña tejió sobre él su tela 
y con su viscosa saliva cerró las puertas del sueño.
Y es siempre así: el ángel con la espada de fuego, la araña y la conciencia."

"Un país" (1957) Zbigniew Herber

De "Informe sobre la ciudad sitiada". 
Traducción de Xaverio Ballester
Madrid, Ediciones Hiperión, 1993. 2.ª edición, 2008

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