Tuesday, December 04, 2012




Acá el "te fuiste para no volver" es la misma cancioncilla que repite el Ipod en su equivocado "shuffle".

Sucede que la melancolía duerme la siesta de los dioses fatuos, su hermana la nostalgia le sigue los pasos con un tintinear lacrimógeno de campanitas de cristal.

Permea el recuerdo y sus imprecisiones, comienza el desencanto a resecarse en los labios y a parpadear en los ojos. Se canta desafinado porque la melodía se equivoca de solfeo y pentagrama.

Pero allí, entre bemoles y exequias , retoma su arpa el poeta y se decide a redimir con su trova las lamentaciones, repasa en las cuerdas otro potpurrí conocido, otro valsecito Vienés - alguna zamba de Catamarca - talvez un corrido de Juárez o cierta bachatica imaginaria de Chopan o Ravel. Todo ello es inútil, pues vuelve a declamar en un monólogo sin fin, su salmo apócrifo del añoramiento,

Es el poeta Eduardo Carranza de Colombia, quien traza miles de signos y puntos cardinales entre el humo que surge de las cenizas del tiempo. Leamos:

Es melancolía
(Eduardo Carranza)

Te llamarás silencio en adelante.
Y el sitio que ocupabas en el aire
se llamará melancolía.

Escribiré en el vino rojo un nombre:
el tu nombre que estuvo junto a mi alma
sonriendo entre violetas.

Ahora miro largamente, absorto,
esta mano que anduvo por tu rostro,
que soñó junto a ti.

Esta mano lejana, de otro mundo
que conoció una rosa y otra rosa,
y el tibio, el lento nácar.

Un día iré a buscarme, iré a buscar
mi fantasma sediento entre los pinos
y la palabra amor.

Te llamarás silencio en adelante.
Lo escribo con la mano que aquel día
iba contigo entre los pinos.

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