Thursday, October 25, 2012

Si hablamos en razón de la realidad circundante, de la sangre derramada por motivaciones personales, puede que la alarma no deba sonar fuerte.  Pero si pensamos de manera general en cuantos cuerpos caen derrotados a la muerte diariamente,  por ser víctimas de algún tipo de injusticia social y económica o política, esta verdad de acero nos descorazonaría, deberímos encender todas las fogatas, todas las emergencias y doblar todas las campanas.
La pregunta que puede reverberar  en nuestras conciencias es esta:  ¿Quién defiende a los descarriados, los opresos, los despreciados, los pobres, los necesitados, los sin patria, los desquiciados, los tontos?  Algunos saldrán con el argumento de que todos tienen lo que merecen, lo cual es cierto y falso.  Algunos son víctimas casuales de las circunstancias que arropan todo sin que estos puedan evitarlas.  Otros labran su propia desgracia. Pero aun así, una sociedad sin misericordia es una sociedad de verdugos.   Lo cierto es que muchos olvidan que  de repente la vida puede ser un boomerang:   hoy estás bien, mañana nadie sabe si serás tú quien necesites de samaritanos.
Si hoy eres tú quien le das la mano al haitiano, al recién llegado de otros lugares buscando mejor fortuna, mañana puede ser a ti a quien le den ayuda en cierta patria lejana, en algún viacrucis fortuito,  y si no a ti, a tu hijo, a tu hermano, a tu compatriota.
Lo peor es ser cómplice de las injusticias, pero se puede ser cómplice con ver y callar. De todas formas la justicia comienza por cada uno en particular, tu pequeña acción puede provocar otra reacción mayor y viceversa.
Hace tiempo ya, un gran poeta prorrumpía en gritos adolorido por la injusticia humana.  De su libro titulado "Hijos de la ira",  encontramos un salmo exclamatorio -como los del "rey David de los judíos" en la Biblia- donde el poeta se pregunta y nos pregunta:  De quienes son los "brazos que ahogan la justicia de Dios y las bocas que retuercen su verdad".

La Sangre -  Dámaso Alonzo.
"Señores, paren, paren: hay que bajar.
Hay que bajar, ahora mismo.
Porque hay sangre por todo el mundo,
y yo necesito saber quién vierte la sangre,
y por qué se vierte y en nombre de qué se vierte.

Dame, oh gran Dios, los ojos de tu justicia.
Porque en el mundo reina la injusticia.
Tú no creaste la injusticia. Alguien ha creado la injusticia.
Alguien es el injusto, y yo necesito verle la cara al injusto,
Porque hay mentira y quiero ver sus fuentes ocres.
Ojos míos, alerta, alerta:
yo quiero ver qué brazos ahogan la justicia de Dios,
qué bocas retuercen su verdad."

La sangre, Dámaso Alonzo.
Fragmento.

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