Friday, August 03, 2012




A Rosa Silverio.


Se consigue la felicidad en clandestinidad, tal como pensaba la heroína de uno de los cuentos de Clarice Lispector , es decir alejándose de todos, en silencio y ocultos como quien teme que los demás se la arrebaten?


Si como dice Vargas Llosa: “Sólo un idiota puede ser totalmente feliz”, no debiera extrañarnos que se tilden de payasos o bufones a quienes intentan reír de continuo y mantienen una actitud alegre y juguetona.


¿“Hasta cuándo vamos a seguir creyendo que la felicidad no es más que uno de los juegos de la ilusión?” se quejaba en vida el Julio Cortázar escritor, tan humano de carne y hueso como nosotros.


Vayamos a José Saramago, premio nobel portugués, hombre práctico y realista. A él, eso que llaman felicidad le parecía una farsa, por ello reflexionaba: “En lugar de la palabra felicidad yo prefiero la palabra armonía. En el interior de la armonía puede haber tensiones y conflictos, pero sin embargo presenta la relación fluida entre uno y todo lo demás, una relación que puede ser contradictoria y opuesta, pero que al menos tiene una cosa buena, lo hace a uno sentirse vivo.” Saramago, probablemente tenía razones personales para rechazar todo concepto asociado con la felicidad, así como también las tenia otro escritor colega suyo, tal vez más culto que él, Jorge Luis Borges quien se quejaba compungidamente en uno de sus poemas: “He cometido el peor pecado que uno puede cometer. No he sido feliz.”


Y no están solos esos escritores en la postura de ver muy utópico la realidad de una vida enteramente feliz. Precisamente porque no se tiene una idea clara de lo que significa esta palabra, ni los filósofos, ni los metafísicos, ni los religiosos quieren meter la mano en el fuego para decir lo que en realidad entraña el ser felices, pese a que desde la antigüedad, los viejos pensadores reflexionaban en la felicidad como las más altas de la utopías, fin último del hombre según Aristóteles. Un fin que pareciera inalcanzable, excepto por pequeñas dosis, tal cual lo nombra la amiga y escritora dominicana Rosa Silverio: "un unicornio que siempre se nos pierde".


Si de acuerdo a Saramago debemos conformarnos con un fin menor, el de vivir en armonía y en paz con nuestro hábitat, nuestros semejantes y nosotros mismos, no es menos cierto que nadie nos ha de quitar el deseo de soñar con esa gran quimera, porque a ratos nos asalta ese sentir tan hermoso y completo, ese bienestar indescriptible, ese sentido de la felicidad que llega de repente y quisiéramos retener, hacerlo pan nuestro de cada día.


Lo malo de todo es que cuando aparentemente experimentamos un momento así, histórico, único, inenarrable, simplemente lo dejamos ir, y como nos relata Luis Ignacio Helguera, reaccionamos temerosos de que el mundo no nos entienda, ávidos de sumarnos a la gran mayoría de seres que prefieren la pasión de lo sufrido por lo llorado, la ambivalencia de lo alegre y lo triste, trágico maniqueísmo de la ambigüedad humana.


GLOBO
Luis Ignacio Helguera


Alta nos queda la felicidad
fin último del hombre según Aristóteles.
Alta nos queda
rara vez la alcanzamos
pero a veces
en forma burlona de globo
desciende sobre nuestras pobres cabezas
y sentimos su suavidad
electrizarnos el pelo
y asimos su hilo
y acariciamos su liviandad oval
y paseamos por el parque del mundo
con nuestro globo
y reímos como idiotas
Ebrios de Felicidad.
ebrios de felicidad
hasta que nos parece ordinario, aburrido, soso
pasear como idiotas con un globo por el mundo
y la mano pierde el hilo
y el globo vuela angustiosamente
como hacia un precipicio
hacia el infinito.

Search

Popular Post

Blog Archive

Actualizaciones por Email

- Copyright © CANTARES -Metrominimalist- Powered by Blogger - Designed by Johanes Djogan -