Wednesday, April 18, 2012


Hay nombres tan inolvidables, tan nuestros. Nombres que en algún momento han repiqueteado de forma incesante en nuestra mente. Nombres que los asociamos al dolor, a la muerte, a la lujuria, al caos, al amor.

Hay nombres cuyo olvido es un acto de represión. Freud sostiene que junto a los sencillos olvidos de nombres propios aparecen otros motivados por represión. Cuando olvidamos y reprimimos ciertos nombres en la memoria los nombres falsos que recordamos en el proceso, tienen cierta asociación con los nombres que buscamos recordar.

Hay nombres que definen mucho lo que fuimos y somos. Nombres para tejer sueños o para enajenarnos. Nombres que dominan el fardo de nuestra memoria y de seguro no se irán de los recuerdos.

Piedad Bonnet, colombiana, escribe hermosamente sobre todo ello:

TU NOMBRE
Cuando el dolor ha triturado ya el último hueso de mi noche
y sólo habla el silencio al corazón insomne que hila
y deshila penas y memorias
viene tu nombre hasta mi cuarto a oscuras.
Con un galope seco viene tu nombre abriendo
un camino entre nieblas
instaurando sus voces sus redobles
sus erres que retumban como un grito de guerra
su bronco acento de campana rota.
Tu nombre es tantas cosas:
el recuerdo de un barco que viene de ultramar y sus tercos marinos
el fuego entre la piedra
gota roja
que va tiñendo la pared del alba.
En él puede escucharse la voz de los que creen
con mística implacable y fe colérica.
Pero es también dulzura tu nombre
muro blanco donde mi mano traza los signos del sosiego
lugar donde recuesto mi cabeza.
Entre tu nombre y tú sin embargo un silencio
una grieta nocturna donde anidan los pájaros.

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