Tuesday, April 03, 2012




Para quienes no sólo admiramos, sino que amamos la poesía de la polaca Wislawa Szymborska, su muerte nos obliga a rememorarla con solemnidad y humor, con nostalgia pero sin lamentaciones, mismas actitudes con las cuales ella aproximaba la vida y la creación poética.

En una entrevista publicada en El País de España, Szymborska comentaba sobre la muerte:

" Para mí la vida es una aventura con fecha de caducidad. Cuando estaba en la escuela murió una profesora y tuve conciencia de la muerte como algo natural. Con 86 años pienso igual que con 8.
Yo no escribo sobre la muerte. Es una de las cosas más fáciles de hacer en poesía. Y no es verdad que tenga un poder ilimitado. No consigue todo lo que quiere y cuando quiere. Es cierto que hay poemas buenísimos sobre la muerte, pero en general es fácil porque despierta sentimientos y emociones fáciles, la ternura y todo eso."

Sobre escribir poemas:

"...Todo termina siendo metafísico. Pero más que por los grandes temas, la poesía se salva por los pequeños detalles. Hay poemas antiguos que han pervivido gracias a un solo detalle. Pero me temo que estoy generalizando... sobre los detalles".

Recordaremos a Wislawa al leer todos sus poemas. La recordaremos manifestando con sencillez la hermosura de las cosas pequeñas. Su tono optimista sin caer en trivialidades. Su manera de entender el mundo, su temple, sus versos cargados de sorpresas y giros inesperados. Su candor, su odio hacia el odio.

Bajo una misma estrellita 

Perdón pido al azar por llamarlo necesidad.
Perdón pido a la necesidad por si empero me equivoco.
No se me enoje la dicha si la tomo como propia.
Que me disculpen los muertos por apenas anidar en mi recuerdo.
Perdón pido al tiempo por la multiplicidad de un mundo omitido en un
segundo.
Perdón pido al antiguo amor por vivir el nuevo como primero.
Perdonadme, lejanas guerras, por llevar flores a casa.
Perdonadme, heridas abiertas, por haberme pinchado en un dedo.
Perdón pido a los que claman desde las simas por el minueto del disco.
Perdón pido a la gente en los andenes por seguir durmiendo a las cinco
de la mañana.
Disculpadme, esperanza acosada, por reír de vez en cuando.
Disculpadme, desiertos, por no acudir con una cucharada de agua.
Y tú, gavilán, el mismo desde hace años, en esa misma jaula,
con la mirada inmóvil siempre en el mismo punto,
ten piedad de mí aunque sólo seas un ave disecada.
Perdón pido al árbol talado por las cuatro patas de mi mesa.
Perdón pido a las grandes preguntas por mis respuestas pequeñas.
Verdad, no me prestes demasiada atención.
Gravedad, muéstrame magnánima.
Soporta, misterio del ser, si deshilacho la cola de tu atavío.
No me acuses, alma, por raramente poseerte.
A todo pido perdón por no poder estar en todas partes.
A todos pido perdón por no saber ser cada uno y cada una.
Sé que, mientras viva, nada me justificará,
pues yo misma me soy óbice.

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