Monday, March 26, 2012


Es lunes, lunes insidioso, vuelta a los deberes y a los afanes, pues la supervivencia obliga. Cada lunes nos recuerda al padre, al abuelo que trabajaban cuando nosotros éramos críos. Nos recuerda la madre, la sacrificada madre haciendo varias cosas a un mismo tiempo para asegurarse que todo marche bien para sus hijos. ¿Qué recordamos de esos padres, abuelos, tíos que intentábamos entender con miradas de niño y se nos hacían enormes, gigantes, invencibles? Y a quienes también vimos temblar ante los vaivenes de la vida: el miedo de ser, miedo de no saber, miedo de morir, miedo de los otros, miedo al no-tener, miedo de sí mismos. En este poema de Piedad Bonnet, Colombiana, se medita solemnemente sobre ello.

Biografía de un hombre con miedo
Piedad Bonnett.

Mi padre tuvo pronto miedo de haber nacido.
Pero pronto también
le recordaron los deberes de un hombre
y le enseñaron
a rezar, a ahorrar, a trabajar.
Así que pronto fue mi padre un hombre bueno.
(“Un hombre de verdad”, diría mi abuelo).
No obstante,
—como el perro que gime, embozalado
y amarrado a su estaca— el miedo persistía
en el lugar más hondo de mi padre.
De mi padre,
que de niño tuvo los ojos tristes y de viejo
unas manos tan graves y tan limpias
como el silencio de las madrugadas.
Y siempre, siempre, un aire de hombre solo.
De tal modo que cuando yo nací me dio mi padre
todo lo que su corazón desorientado
sabía dar. Y entre ello se contaba
el regalo amoroso de su miedo.
Como un hombre de bien mi padre trabajó cada mañana,
sorteó cada noche y cuando pudo
se compró a cuotas la pequeña muerte
que siempre deseó.
La fue pagando rigurosamente,
sin sobresalto alguno, año tras año,
como un hombre de bien, el bueno de mi padre.

Piedad Bonnett (Colombia, 1951)

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