Sueña desde el vacío. Va y viene en un trampolín que no desciende hacia el destino velado por la ausencia y los años vividos en catástrofe. También hay gemidos, susurros, letanías, como los de la flor anestesiada de relámpagos, como los del rubio trigal aplastado por garras de cóndores que pasan . Surgen también ecos, voces que preguntan desde otro trampolín absurdo: ¿Vendrá por fin el año bisiesto, las calendas de marzo? Ni un sí, ni un no: La respuesta tendrá que ser ambigua.

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