Friday, December 17, 2010

A Walkiria.

“Hay tanto nuevo que aprender,/ hermosos cavernícolas que rescatar, / nuevas maneras de amar que aun no hemos inventado./  A nombre propio declaro/ que me gusta saberme mujer frente a un hombre que se sabe hombre…” Gioconda Belli.

 Puedo ser…
Eva, cobijada  de miles de árboles engañosos con manzanas tentadoras. Puedes llamarme Dulcinea, sueño inalcanzable de un Quijote tan famoso como alucinado. Puedo ser Rahab la ramera, traicionar mis compatriotas con una cuerda carmesí, sin que me tiemble el pulso . Puedo ser  la reina de Saba, ir hacia el palacio de un pretencioso Salomón que valide mi belleza, se quede con mis tesoros  y satisfaga   mi curiosidad de mujer inquieta, so pena de ser tildada como feminista de doble cara. 

Puedo ser Julieta,  pero prescindir de la fatalidad cursi de un Romeo cualquiera.  Puedo preferir  llamarme por mi nombre, o cambiarme el nombre para que nadie me llame a su manera,  ser otra Sor Juana, sensual, poeta, atrevida, audaz, aunque una  bula papal me  excomulgue.  Pueden nombrarme Isabel la Católica o luterana, ortodoxa, prebístera o sólo  Isabelita, resignada a vivir hasta la misma hora de la muerte en  la tenebrosa casa de los espíritus. Puedo ser Dalila La Filistea,  y en vez de odiar la cabellera de un efebo  puedo pretender  aniquilar la fuerza de un conjuro. 

Puedo engendrar y ser engendrada, de esto darían fe parturientas y ginecólogos. Puedo llorar mi desventura histórica, o defender estoica los estigmas con que  me defines y etiquetas, quitarme las máscaras del odio, del anonimato, de la esclavitud incircuncisa y defender mi propio sino a capa y espada. Puedo derramar lágrimas al pie de la cruz donde
los Pilatos y Fariseos de siempre  decidan crucificar al hijo de mis entrañas.  Puedo recoger uvas en el lagar de mi difunto esposo,  y sin recato, venderle vino al mejor postor. 

Me puedes llamar Safo, Afrodita, Venus, Electra, Medea.   O talvez quieras recordarme la triste historia de la mujer de Lot para que nunca mire hacia atrás, hacia ese pasado, estatua de sal que sólo fue tragedia y violencia.  Puedes ocultarme tras un velo negro (absurdo velo de sombras) para reservarte la exclusividad de lo que soy y  siento.

Puedes invalidar mi apellido y cambiarlo por el tuyo con la firma de un papel. Puedes psicoanalizarme  y reducirme a ciertos reflejos condicionados de tus propios miedos e inseguridades, de tu envidia, de tus celos, de tu vanidad.  Puedes olvidar a veces que detrás de todo hombre hubo el dolor de parto de una mujer, hay un cordón umbilical, una placenta, un útero ensangrentado, un óvulo, una trompa de falopio.  Puedes negarme, puedes maldecirme, vituperarme,  aun  así  desearé perdonarte amorosamente, sin quejas ni desagravios, sin apologías, sin palabras,  justificaré tus exabruptos y los compararé con los mismos juegos  del niño aquel que nunca ha crecido más allá de mis propias faldas.

Puedo hacerte  creer que te creo cuando dices amarme,  puedo pretender amarte sin que en realidad te ame. Puedo amarte de veras e inmolarme tranquilamente en aras de ese amor. Puedo aguantar otra quema de brujas, la fuerza salvaje de tu patriarcado, tus juegos con la vida y la muerte que nunca terminan.  


He de sobrevivir,  aunque todo me lo des y todo me lo quites. Aunque siempre me culpes de aquel pecado original,   de haberte seducido  en el  paraíso en la decisión de echar tu suerte definitiva conmigo y con la muerte. 

Ni me afecta, ni me importa.  Llámame como quieras: tu caja de Pandora, tu ave fénix, tu paloma mensajera, tu doncella, tu dama de las camelias, tu primera dama.  Tu concubina, tu amada amante, tu media naranja, tu Calle del Averacruz,  tu imposible amor, tu juguete caro. Tu hada madrina, tu cenicienta, tu caperucita roja,  tu ave de paso, tu musa, tu talón de Aquiles, tu gatita con botas, tu pléyade, tu centaura, tu sexo débil. Tu arpía, tu libido,  tus altos y bajos instintos,  tu rosa de los vientos, tu último equinoccio, tu próxima desventura, tu desgracia o  tu amuleto de la buena suerte. 

Puedes reducirme al  tamaño preciso de todas tus fantasías, puedes imaginarme como comedia o tragedia de tu propia vida.  ¡Adelante!  Etiquetame si quieres,  que ya no me importa.


Dibujo: Hypatia de Alejandría.

©Joel Regalado, 2010.

One Response so far.

  1. Sid says:

    Me han estremecido un montón de mujeres. Mujeres de fuego, mujeres de nieve.

    (Silvio Rodriguez)

    Saludos Joel.

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