Friday, May 14, 2010

Cuando se habla de diáspora, es inevitable referirse a la primera mención del término registrada en la Biblia Septuaginta, la palabra es griega, (origin: Greek, διασπορά – “a scattering of seeds), y su significado principal es dispersión. Muchos de los Salmos registrados en la Biblia, (auténticos versos judíos) y en el libro de las Lamentaciones, tienen como leit motiv ese desgarro sentido por los judíos. Al estar cautivos en Babilonia, y cuando algunos babilonios en los márgenes de sus ríos les pedían que cantaran o danzaran , ellos respondían: "Cómo pues cantaremos una canción de nuestro hogar en tierra extraña".

"Junto a los ríos de Babilonia,
allí nos sentábamos y aun llorábamos.
Sobre los sauces en medio de ella
colgamos nuestras arpas.

Y los que nos habían llevado cautivos
nos pedían que cantásemos.
Y los que nos habían desolado
nos pedían alegría, diciendo:
Cantadnos algunos de los cánticos de Sión.

¿Cómo cantaremos cánticos de Jehova
en tierra de extraños?
Si me olvidare de ti Jerusalén
pierda mi diestra su destreza.
Mi lengua se pegue a mi paladar
si no exaltase a Jerusalén
como preferente asunto de mi alegría.
(Salmos 137)

¿Es posible entonces que ese sentido de nostalgia y saudade se mantenga presente en cualquier autor diásporal? "Las generalizaciones son tontas", contestarían algunos, pero nos llegan a la mente muchos escritores del exilio, en cuyas obras se verifica esa tristeza indefinible. Bolaños, León Felipe, Kundera, entre otros. ¿La raíz de lo que somos se lleva con uno irremediablemente? Bueno, si nos permiten un poco de frivolidad, nos atrevemos a citar a Julio Iglesias, quien de manera proverbial contestó a cierto reportero al interpelarle por su España: “El que se olvida de sus raíces se olvida de sí mismo".

Hablemos pues de la diáspora, de los escritores dominicanos que se han autoexiliado, ya sea, a contra de su voluntad, por razones especiales o medalaganariamente. En el libro "The Tears of Hispaniola: Haitian and Dominican Diaspora Memory" (En español, "Las Lágrimas de La Hispaniola", Memoria de la Diáspora Haitiana y Dominicana) Lucía M. Suárez, profesora del departamento de Español y del Programa de Estudios Latinoamericanos y del Caribe en la universidad de Michigan, sugiere que la escritura de la diáspora “ es la literatura del dolor. Es la nueva literatura americana, de finales del Siglo XX que impulsa los temas importantes de identidad nativa, memoria traumática y derechos humanos, todos los que son fundamentales en la formación del pensamiento de nuestro naciente siglo XXI. Cuando hablamos de Diáspora, hablamos de los que huyen, que vienen a formar nuevas comunidades, con esperanzas y sueños, que merecen apoyo, pero ¿como podemos nosotros apoyar esto, si no entendemos sus orígenes complicados y diversos?".

El joven crítico Dominicano radicado en Canadá, Nestor E. Rodríguez, en su ensayo “La Patria Portátil”, reitera que: “La producción cultural de la diáspora ofrece una salida audaz al sempiterno debate sobre la dominicanidad al abrir las puertas a la posibilidad de un comienzo sin antecedentes a la hora de teorizar lo dominicano, un comienzo en el cual la geografía deja de ser la marca definitoria de la nacionalidad”. Hablemos entonces de esta literatura emergente, de esos creadores dispersos por todo el globo que no sólo comen “mangú, moro, sancocho o tostones” doquiera van, también siguen conectados con su madre patria, y lo hacen con la mejor arma a mano: haciendo versos, escribiendo historias de valía, levantando la voz para testimoniar la acendrada verdad de sus orígenes, lo hacen para no olvidar, para que no olvidemos.

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