Sunday, May 30, 2010









En los cuentos de Kianny Antigua la paradoja de la vida con sus azares y frustraciones, "sus penalidades y sueños fallidos", llega sin filtros, se cuela en los trazos de sus personajes, en la atmósfera que la escritora recrea hábilmente para decirnos, o para recordarnos que entre todo lo que vemos y sentimos, soñamos y esperamos hay un puente roto que nos impide avanzar a la otra orilla, al lugar donde podremos empuñar la alegría prometida, o experimentar la ausencia de dramas dolorosos. 

Y sí, aunque ella misma los define como cuentos malditos, hay bondad y comprensión, melancolía y ternura en esas historias, pero siempre aparece tras cada párrafo, ese sentir de la tragedia cotidiana y personal como telón de fondo a todo cuanto nos concierne como seres vivos, ese volcán a punto de hacer erupción entre las venas, los laberintos del dolor devorando, condicionando el tiempo. 

Ramón y su pez Arapaima, es la metáfora del alma fragmentada cuyo referente de validación a su razón de ser y de vivir es el aferrarse a sus contradicciones y delirios. El pez, no es más ni menos que el alter ego de su propia vida solitaria y monstruosa,   que debe terminar en caos y en nihilismo, sin poder nadie (él tampoco lo desea) impedírselo. Kianny describe que “Bajo su silencio se vislumbraba una profunda tristeza”. El silencio de la impotencia, la enajenación del vivir.  Ramón vive su Pathos, y así debe ser narrada la historia, corroborando lo que afirma García Yebra al comentar sobre el lance patético de la fábula enunciado por Aristóteles: “Sin pathos no (hay tragedia) pues no habría compasión ni temor, que deben darse en toda fábula trágica".(1) Ante su sentido de orfandad, Ramón se aferra a ese pez con  un doble simbolismo: Negar y a la vez afirmar su humanidad.

En otro de los cuentos se hace referencia a un personaje sin nombre, que la autora prefiere mantener  anónimo, no porque intente o quiera pasar desapercibida, sino por creer conveniente la nulidad del ser- para poder llegar a ser, no una nulidad estoica con la cual pueda redimir su existencia, sino un dejar de ser irremediable, por  no atisbar otra salida a sus tormentos,  porque el otro, esa persona indefinida, (mantenida adrede en el anonimato),  ha ido devorando lo poco de individualidad que pudo algún día haber tenido,   por eso la resignación y el presagio deben definirlo todo, como cuando confiesa:  "Siento que alguien, al nombrarte, te recuerda, nos recuerda".   Y además, aquel estribillo para enfatizar lo fatal: “Aún no tengo nombre, no has tenido tiempo de nombrarme". Luego en el clímax, se reitera la precaria levedad del ser al escribir: “Yo prefiero quedarme aquí, en silencio, sin nombre".  Y como es entendible que quien escribe no desea una nulidad relativa, parcial o saneable, y busca, más bien, una nulidad absoluta, literal,  así lo refleja  al despedirse tristemente en la posdata, (el cuento pertenece al genero epistolar):  "Me habría gustado llamarme como tú".  La escribiente se autentiza y se niega a sí misma al través del otro, pero no una otredad fallida (reconocimiento de lo externo a ella misma), es la otredad que anula el yo, pues  sentencia Gabriel Albac: “Entre ser y no ser, que son lo mismo, la vida que es la muerte tiende una malla de destellos efímeros, tela de araña en la que somos presos. Nada queda, al fin, sino ondas transitorias, rizos muy tenues sobre un ‘océan d'ennu’i, infinito, indiferente: el ser, que es nada.” (2)

En ambos cuentos existe la conexión de dos seres arropados por las circunstancias, la realidad que engulle como la ballena de Jonás,   pero sin la experiencia de ser vomitados, es decir, sin alguna redención posible.     Los dos cuentos están escritos en un lenguaje fragmentado, que golpea, se detiene, luego avanza, retrocede. El vocabulario preciso y el estilo particular que Kianny Antigua ha elegido para narrar estas historias añade verosimilitud a las acciones, enfatizan un estado de regresión y circularidad en el cual se mueven sus protagonistas: lenguaje, vocabulario e historia que son una unidad cerrada e interconectable, porque como afirmara Heidegger “…el lenguaje habla, por sí y desde sí. De allí que sólo en su seno se constituya lo que se entiende por mundo, es el ámbito único donde lo real es. No basta vivir, es necesario decirlo”. (3)  Aun cuando lo que se diga no sean postalitas de alegría falsificada, y lo que se pinte sea un cuadro tan realista como desgarrador, tal como lo describe la escritora en uno de sus anti-poemas:   “…Apocalípticos atisbos. /Augurios de mala muerte…”. 


1. Barnett, Richard-Laurent,  SEMIÓTICA DE LA NULIDAD  BECKETT Y EL ENIGMA DE LA REPRESENTACIÓN. Alpha Osornpo, 2005.
2. Albac, Gabriel. La muerte. Metáforas, mitologías, símbolos; Barcelona, Paidós, 1996.
3. Cf. M. Heidegger. 1982. UnterwegszurSprache. Pfullingen (7). 19.


Kianny Antigua
Catedrática y escritora. Kianny Antigua nació en la República Dominicana en 1979. En el 2001 ganó Mención de Honor, por su cuento “De tal astilla, tal palo”, el cual está incluido en la antología Vendimia Primera. En el 2005 publica su primer libro de cuentos, El expreso; de allí se selecciona su cuento “Y2K” para ser parte del libro de texto Conexiones 3ª ed. y, en la antología 27 cuentistas hispanoamericanos, aparece con su cuento “El expreso”. Así mismo, “La última hoja verde” / “L’ Ultima Foglia Verde” es seleccionado para formar parte de la primera antología de cuentistas dominicanas traducida al italiano: Onde, Farfalla e Aroma di Caffe. Además, la revista El Cid ha seleccionado, por tres años consecutivos, diversos trabajos literarios para sus ediciones anuales. Este año, Kianny publica su segundo libro de cuentos 9 Iris y otros malditos cuentos y aparece como poeta, ensayista y correctora de estilo en la antología titulada Mujeres de Palabra: Poética y Antología.

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