Tuesday, November 08, 2005

A veces prefiero olvidar cosas. Preferiría corregirlas pero el tiempo corre. Entonces, me da vergüenza.” Sono io!!


La memoria,  ‘los anales del quehacer individual, la historia de vivencias de cada quien’’, se forma de jalones y experiencias que recurren en el  día a día. Agrega Belen Gache: “La memoria es una suerte de pizarra donde las palabras se inscriben y se borran pero van dejando tras de si el residuo de una historia que permanece como huella, como palimpsesto”. Sin embargo esos sedimentos o remanentes de la memoria, pueden ser selectivos.

Veamos, la memoria podrá tener espacios en blanco como si en algún momento preciso suspendiésemos en el tiempo histórico lo vivido. Son las vivencias de hojarasca, nimiedad que no queda registrada permanentemente y pasa de largo por nuestro yo consciente. Es la memoria de corto plazo.

Hay vivencias fortuitas, ni las provocamos ni buscamos,  nos vienen de repente sin saberse el como, ni el porque ni el cuando. La memoria las capta y las registra porque todo lo que implica reacción antagónica, paralización emotiva, zarandeo existencial queda adherido en la personalidad, es una manera de decirnos a nosotros mismos: esto es importante, esto debe ser parte entrañable de lo que soy o debo ser. A lo cual Broadvent denomina ‘memoria de largo plazo’.

Hay vivencias provocadas, son las buscamos conscientemente y hacemos que ocurran, llenan el ser de alegría o de miseria, de optimismo o derrota, de luz o de sombras. El dilema humano de siempre ha sido cómo elegir con sabiduría, fuerzas incontrolables dentro de uno conspiran para oscurecer los sentidos a la hora de hacer decisiones. Elegir es mejor que intentar mantenerse en la nulidad, en una esfera de indecisión y titubeos. Elegir implica riesgo, pero vivir implica riesgos porque el futuro es impredecible.

Si al elegir descubrimos que lo elegido ha sido un yerro, lo mejor es no abrumarse demasiado, se tiene de contrapartida al olvido. Olvidar implica un proceso paciente de abandonarse al tiempo. La vergüenza, el dolor, las frustraciones pueden aquilatarse con paciente valentía. En vez de pelearnos contra ellas como el Quijote contra sus molinos, ejercicio vano e infructífero, es mas viable amoldarlas y enfrentarlas como corresponde, inteligentemente, serenamente.

Toda vivencia, toda experiencia comienza siendo memoria de corto plazo. “La memoria a corto plazo es de capacidad limitada. La información se desvanece en 10 segundos a no ser que se mantenga activa por atención o retención. El material en la memoria a corto plazo se transfiere a la memoria a largo plazo por repetición” (Attkinson & Shiffrin). Si al elegir nos equivocamos, ese yerro puede ser memoria permanente o temporal dependiendo de la manera repetitiva o pasajera con que nos condicionemos a tratarlo.

Para aprender… la memoria a largo plazo es la deseable porque implica retención y atentividad permanente y para bregar con errores y sublimarlos de forma positiva lo ideal es ejercer una memoria de corto plazo, una retención fugaz. Que tras de ese ‘inevitable recibir’ le subsiga un saludable “dejar ir”, un “olvido motivado”.

Freud sostenía que si alguien puede bloquear el recuerdo de algo desagradable, éste siempre está acechando tras batidores y afecta actitudes y relaciones aun cuando la persona no lo sepa. La buena noticia es lo demostrado que “el cerebro humano bloquea los recuerdos no deseados y que existe un mecanismo que tiene una base biológica", según señala John Gabrieli, profesor de psicología de Stanford y por otro lado "el recuerdo de una cosa empeora cuanto más trata la gente de no pensar en ella" concluye Michael Anderson, profesor de psicología de la Universidad de Oregon.

Nos convendría, a lo mejor, el compararnos con un jardinero, el que planta y cultiva, pero a la vez poda y arranca. Estos mismos procesos son aplicables y necesarios para subsistir y vivir en adecuada sanidad mental y emocional. Digamos además que hay vivencias inevitables en la vida, así como la espina crece con la rosa, es ineludible la realidad de vivir con tragos amargos y sinsabores. Con maleza y hojarasca entre flores y verdor primaveral.

En definitiva...podemos, si así lo queremos, tener, construir y disfrutar de una memoria selectiva, saludablemente selectiva.

One Response so far.

  1. un sol says:

    Interesante. Más que memoria selectiva... lo mío es percepción selectiva... por eso tengo cosas que cuelgan de no sé donde. Gracias de nuevo.

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